Mi mirada ha quedado reducida a un cuadrado de tres centímetros por tres centímetros enmarcado en una línea de plástico rígido y negro.
En la superficie plana invadida por una luz extraña aparece un fondo blanco, fondo o superficie única o tal vez mar tranquilo de seis de la mañana.
Sobre la superficie 127 puntos negros se encuentran flotando estáticos, agrupados casi todos hacia la zona inferior izquierda del cuadro formando a veces, dependiendo de la luz una mancha oscura misteriosa, hacia la zona superior los puntos dispersos son anulados por la claridad, detenidos en su transformación, aislados: son testimonios de la soledad del punto sobre el plano.
127 puntos negros que comienzan a levantarse de este fondo, que se desvanecen, que pierden su forma, que se diluyen en un gris sin luz.